
En una escena memorable del Padrino Parte I, Michael Corleone le dice a la que será su esposa, Kate (Al Pacino y Diane Keaton, respectivamente) que su padre, el Don Vito Corleone, no es diferente de cualquier otro hombre con poder del mundo. Eso es completamente cierto pero lo sería aún más si añadiésemos que un gangster es mucho más divertido.
¿Que tiene ‘La Cosa Nostra’ que la hace tan fascinante?
A todos nos gusta el lujo, en mayor o menor medida todo hijo de vecino se siente atraído por él: coches caros, grandes casas, relojes resplandecientes, manjares que echarse a la boca siempre que a uno le plazca… En una sociedad que ensalza las posesiones materiales por encima de cualquier otra cosa, las historias que nos muestran ese mundo con veracidad cuentan con una inevitable y mayoritaria aceptación. En ocasiones esas historias poseen un alo mítico, eso sucede cuando el que disfruta de todos esos lujos, prácticamente inalcanzables para la mayoría de los mortales, proviene de un mundo humilde, alguien que ha superado ampliamente a sus progenitores y ha alcanzado una vida digna de reconocimiento, su carrera hacía el éxito se convierte de este modo en un ejemplo, en una referencia para todos aquellos que ansían llenarse los bolsillos. Con frecuencia los gangsters responden a este perfil.
Hasta aquí no habría grandes diferencias entre Amancio Ortega y Anthony Soprano, pero sin duda hay algo que les diferencia, pequeños matices por los que nunca habrá una serie sobre Amancio Ortega. Tres factores fundamentales: Cómo se ha alcanzado el éxito, cómo se disfruta y qué están dispuestos a hacer por preservarlo.
El gangster emprende un camino hacía el poder mucho más sugerente que el de un ejecutivo o un influyente político, ese camino estará salpicado, de sangre, extorsión, venganza, traición… todo estos pecados tan atractivos para el ser humano, precisamente por eso, por ser pecados. Pero hay algo en la esencia de los gangsters que evita que sean simples delincuentes, esto es el sentimiento de lealtad al grupo social al que pertenecen, la veneración y el respeto a las tradiciones y el culto a la familia. Todos estos atributos le reportan a la mafia un envoltorio épico que supone la piedra angular de su atractivo y de su éxito en la vida real.
Cómo disfrutan el poder es otra gran diferencia, no se limitan a vivir en palacios y a tener televisores enormes, del mismo modo que no tienen reparos en cómo conseguir lo que quieren tampoco los tienen en cómo disfrutar lo qué tienen: drogas, sexo, vicio, lujuria, son estrellas del rock con pistolas, llevan la vida que a los demás no nos está permitida.
El otro factor decisivo en el magnetismo de la mafia es su relativismo moral, su sentido de la justicia, una justicia primitiva, es cierto, pero que en muchas ocasiones se revela mucho más efectiva y casi más lógica que a la que nos atenemos los demás, entonces nos resultan gente admirable, gente que ha tenido el valor de ir un paso más allá para defender sus intereses y el de los suyos, revelándose cómo leones ante el resto, desvalidos corderos.
Todo estas características del hampa están en Los Soprano, y lo está de un modo novedoso, ya que el formato de serie televisiva permite un desarrollo mucho más amplio del que una película convencional, incluso una trilogía, permite. De este modo, asistimos a un tratamiento temático más extenso y al planteamiento de cuestiones que hasta entonces sólo podíamos intuir, Los Soprano se convierten así en uno de los más importantes (sino el que más) puntos de referencia sobre la mafia en el mundo audiovisual. Hasta que Tony Soprano no llegó a la pequeña pantalla, no sabíamos que opinaban los mafiosos del cine de gangsters, tampoco sabíamos cómo influía en la vida académica de sus hijos su profesión, ni habíamos visto a sus mujeres mandándoles al sofá a dormir, ahora podemos ver cómo un tipo capaz de matar a alguien a sangre fría, también puede ser un padre y un marido comprensivo. Los personajes de esta serie no se nos muestran cómo hombres y mujeres inmersos en una tragedia griega, algo que sucede en otras obras basadas en este tema, sino que son mucho más accesibles, están mirados de un modo más convencional: van al baño y hacen la compra. Los Soprano es una serie sobre la mafia, entendiendo la mafia cómo una profesión, del mismo modo que hay series sobre abogados, policías o médicos, tratando sus particularidades sin tapujos, aunque sin olvidar otras características más convencionales.
Otra novedad que aportan Los Soprano es sentar a un gangster en el diván de un psiquiatra, este es seguramente el atributo más original de la serie y uno de los que le aporta mayores y mejores logros. Desde este diván se abordan con lucidez mucho de los temas antes expuestos, que pertenecen a la particularidad del gremio y otros de carácter más universal, reflejo del modo realista en el que están tratados los personajes.
Más allá de su brillantez a la hora de tratar el mundo de la mafia, estamos ante una serie excepcional en el apartado técnico: una realización portentosa, ágil y desvergonzada, que deja muy atrás la dejadez de la que antaño hacían gala las series de televisión, del mismo modo la puesta en escena y los guiones son de una profesionalidad que ya la quisieran para sí muchas de las películas que llegan a la gran pantalla. Mención aparte merece el elenco interpretativo, capitaneados por James Gandolfini (al que me temo le será difícil desvincularse de este papel), todos gozan de una fuerza descomunal, son personajes complejos, llenos de matices edificados con maestría sobre los portentosos guiones que cuenta la serie.
Las series de televisión americanas han tomado forma, se han envalentonado ante su hermano mayor el cine, conscientes de un mercado cada vez más reticente ha abandonar sus confortables sillones de casa han echado un órdago apostando por la calidad, sin pudores ni pelos en la lengua y el resultado ha sido una contundente victoria que el espectador no ha dudado en aplaudir, reportando suntuoso beneficios a las cadenas, lo que incentiva el crecimiento de este tipo de producciones. A un amante de la ficción cómo yo no le queda otra que recibir con alegría este fenómeno: Larga vida a las series de televisión.
Considero que esta serie tiene los suficientes ingredientes para contentar a un elevado número de espectadores, independientemente de que estos sean aficionados al cine de gangsters o no, pero no cabe ninguna duda en que si alguien ha disfrutado con El Padrino, Muerte entre las flores, Uno de los nuestros y demás clásicos del genero no debería tardar ni un segundo en disfrutar esta maravilla llamada Los Soprano.
¿Que tiene ‘La Cosa Nostra’ que la hace tan fascinante?
A todos nos gusta el lujo, en mayor o menor medida todo hijo de vecino se siente atraído por él: coches caros, grandes casas, relojes resplandecientes, manjares que echarse a la boca siempre que a uno le plazca… En una sociedad que ensalza las posesiones materiales por encima de cualquier otra cosa, las historias que nos muestran ese mundo con veracidad cuentan con una inevitable y mayoritaria aceptación. En ocasiones esas historias poseen un alo mítico, eso sucede cuando el que disfruta de todos esos lujos, prácticamente inalcanzables para la mayoría de los mortales, proviene de un mundo humilde, alguien que ha superado ampliamente a sus progenitores y ha alcanzado una vida digna de reconocimiento, su carrera hacía el éxito se convierte de este modo en un ejemplo, en una referencia para todos aquellos que ansían llenarse los bolsillos. Con frecuencia los gangsters responden a este perfil.
Hasta aquí no habría grandes diferencias entre Amancio Ortega y Anthony Soprano, pero sin duda hay algo que les diferencia, pequeños matices por los que nunca habrá una serie sobre Amancio Ortega. Tres factores fundamentales: Cómo se ha alcanzado el éxito, cómo se disfruta y qué están dispuestos a hacer por preservarlo.
El gangster emprende un camino hacía el poder mucho más sugerente que el de un ejecutivo o un influyente político, ese camino estará salpicado, de sangre, extorsión, venganza, traición… todo estos pecados tan atractivos para el ser humano, precisamente por eso, por ser pecados. Pero hay algo en la esencia de los gangsters que evita que sean simples delincuentes, esto es el sentimiento de lealtad al grupo social al que pertenecen, la veneración y el respeto a las tradiciones y el culto a la familia. Todos estos atributos le reportan a la mafia un envoltorio épico que supone la piedra angular de su atractivo y de su éxito en la vida real.
Cómo disfrutan el poder es otra gran diferencia, no se limitan a vivir en palacios y a tener televisores enormes, del mismo modo que no tienen reparos en cómo conseguir lo que quieren tampoco los tienen en cómo disfrutar lo qué tienen: drogas, sexo, vicio, lujuria, son estrellas del rock con pistolas, llevan la vida que a los demás no nos está permitida.
El otro factor decisivo en el magnetismo de la mafia es su relativismo moral, su sentido de la justicia, una justicia primitiva, es cierto, pero que en muchas ocasiones se revela mucho más efectiva y casi más lógica que a la que nos atenemos los demás, entonces nos resultan gente admirable, gente que ha tenido el valor de ir un paso más allá para defender sus intereses y el de los suyos, revelándose cómo leones ante el resto, desvalidos corderos.
Todo estas características del hampa están en Los Soprano, y lo está de un modo novedoso, ya que el formato de serie televisiva permite un desarrollo mucho más amplio del que una película convencional, incluso una trilogía, permite. De este modo, asistimos a un tratamiento temático más extenso y al planteamiento de cuestiones que hasta entonces sólo podíamos intuir, Los Soprano se convierten así en uno de los más importantes (sino el que más) puntos de referencia sobre la mafia en el mundo audiovisual. Hasta que Tony Soprano no llegó a la pequeña pantalla, no sabíamos que opinaban los mafiosos del cine de gangsters, tampoco sabíamos cómo influía en la vida académica de sus hijos su profesión, ni habíamos visto a sus mujeres mandándoles al sofá a dormir, ahora podemos ver cómo un tipo capaz de matar a alguien a sangre fría, también puede ser un padre y un marido comprensivo. Los personajes de esta serie no se nos muestran cómo hombres y mujeres inmersos en una tragedia griega, algo que sucede en otras obras basadas en este tema, sino que son mucho más accesibles, están mirados de un modo más convencional: van al baño y hacen la compra. Los Soprano es una serie sobre la mafia, entendiendo la mafia cómo una profesión, del mismo modo que hay series sobre abogados, policías o médicos, tratando sus particularidades sin tapujos, aunque sin olvidar otras características más convencionales.
Otra novedad que aportan Los Soprano es sentar a un gangster en el diván de un psiquiatra, este es seguramente el atributo más original de la serie y uno de los que le aporta mayores y mejores logros. Desde este diván se abordan con lucidez mucho de los temas antes expuestos, que pertenecen a la particularidad del gremio y otros de carácter más universal, reflejo del modo realista en el que están tratados los personajes.
Más allá de su brillantez a la hora de tratar el mundo de la mafia, estamos ante una serie excepcional en el apartado técnico: una realización portentosa, ágil y desvergonzada, que deja muy atrás la dejadez de la que antaño hacían gala las series de televisión, del mismo modo la puesta en escena y los guiones son de una profesionalidad que ya la quisieran para sí muchas de las películas que llegan a la gran pantalla. Mención aparte merece el elenco interpretativo, capitaneados por James Gandolfini (al que me temo le será difícil desvincularse de este papel), todos gozan de una fuerza descomunal, son personajes complejos, llenos de matices edificados con maestría sobre los portentosos guiones que cuenta la serie.
Las series de televisión americanas han tomado forma, se han envalentonado ante su hermano mayor el cine, conscientes de un mercado cada vez más reticente ha abandonar sus confortables sillones de casa han echado un órdago apostando por la calidad, sin pudores ni pelos en la lengua y el resultado ha sido una contundente victoria que el espectador no ha dudado en aplaudir, reportando suntuoso beneficios a las cadenas, lo que incentiva el crecimiento de este tipo de producciones. A un amante de la ficción cómo yo no le queda otra que recibir con alegría este fenómeno: Larga vida a las series de televisión.
Considero que esta serie tiene los suficientes ingredientes para contentar a un elevado número de espectadores, independientemente de que estos sean aficionados al cine de gangsters o no, pero no cabe ninguna duda en que si alguien ha disfrutado con El Padrino, Muerte entre las flores, Uno de los nuestros y demás clásicos del genero no debería tardar ni un segundo en disfrutar esta maravilla llamada Los Soprano.





