
La belleza de Pequeña Mis Sunshine reside en su sencillez y en la franqueza de su mensaje, da igual como te sientas antes de ver película, al finalizar verás con mayor optimismo el resto del día.
Ya desde la presentación de los personajes uno sabe que esta asistiendo algo por encima de la media, la pequeña Olive (la pequeña miss sunshine) fascinada ante el televisor, imitando los gestos de sus heroínas, ganadoras de concursos de belleza; su hermano haciendo ejercicio ante un mural de Frederick Nietzsche; su padre dando una conferencia sobre el éxito ante una escasa audiencia sin ganas de aplaudir; su madre fumando a hurtadillas mientras va en busca de su hermano; su tío en un hospital después de un intento de suicidio; y su abuelo preparándose un tiro de coca (porque ¿hay mejor edad para drogarse que las postrimerías de la muerte?). Estos seis personajes, respaldados por unas actuaciones brillantes, un guión tan preciso cómo un reloj suizo y una dirección sencilla y elegante hacen de Pequeña Miss Sunshine una joya.
Esta película consigue dinamitar el concepto del sueño americano, lo que quiere decir, el de medio mundo, esto no es nada nuevo pero creo que pocas veces se ha hecho con tanta brillantez. El sueño americano, la obsesión por el éxito, toda esa mierda de si te esfuerzas serás capaz de conseguirlo, cualquier cosa que desees está a tu alcance, sólo tienes que luchar por ello, hay dos clases de personas los ganadores y los perdedores ¿de cuál eres tú? Y lo que está película responde es: yo soy yo, a veces me tocará ganar y otras perder, pero lo haré a mi manera (In my way, cómo Frank Sinatra) y las veces que pierda intentaré aprender, para la siguiente vez vencer, no me interesa ponerme a la cola de lo que todos perseguís un éxito de barro, inalcanzable por que siempre habrá un escalón más que subir, lo que me interesa es descubrir quien soy defender mi autenticidad y tratar de ser feliz siendo acorde con la persona que soy, cada uno debería ser su único juez, eso sería todo un éxito, si señor.
A pesar de todo creo que la idea del sueño americano tiene sus elementos positivos, si estos se aplican de un modo individual y no masificado cómo realmente ocurre, es cómo cuando en la peli, el padre pone de ejemplo de constancia a su hijo nihilista que lleva nueve meses sin decir una sola palabra en busca de su sueño, más allá de la ironía del momento esto es completamente cierto, uno debe esforzarse para conseguir lo que quiere, el reverso de este enunciado es que quizá, por mucho que te esfuerces, no alcances tu meta, porque la realidad no entiende de chisteras y formulas mágicas, la vida tal y cómo la conocemos es inconexa y aleatoria, por mucho que tratemos de disfrazarla de coherencia.
Ya desde la presentación de los personajes uno sabe que esta asistiendo algo por encima de la media, la pequeña Olive (la pequeña miss sunshine) fascinada ante el televisor, imitando los gestos de sus heroínas, ganadoras de concursos de belleza; su hermano haciendo ejercicio ante un mural de Frederick Nietzsche; su padre dando una conferencia sobre el éxito ante una escasa audiencia sin ganas de aplaudir; su madre fumando a hurtadillas mientras va en busca de su hermano; su tío en un hospital después de un intento de suicidio; y su abuelo preparándose un tiro de coca (porque ¿hay mejor edad para drogarse que las postrimerías de la muerte?). Estos seis personajes, respaldados por unas actuaciones brillantes, un guión tan preciso cómo un reloj suizo y una dirección sencilla y elegante hacen de Pequeña Miss Sunshine una joya.
Esta película consigue dinamitar el concepto del sueño americano, lo que quiere decir, el de medio mundo, esto no es nada nuevo pero creo que pocas veces se ha hecho con tanta brillantez. El sueño americano, la obsesión por el éxito, toda esa mierda de si te esfuerzas serás capaz de conseguirlo, cualquier cosa que desees está a tu alcance, sólo tienes que luchar por ello, hay dos clases de personas los ganadores y los perdedores ¿de cuál eres tú? Y lo que está película responde es: yo soy yo, a veces me tocará ganar y otras perder, pero lo haré a mi manera (In my way, cómo Frank Sinatra) y las veces que pierda intentaré aprender, para la siguiente vez vencer, no me interesa ponerme a la cola de lo que todos perseguís un éxito de barro, inalcanzable por que siempre habrá un escalón más que subir, lo que me interesa es descubrir quien soy defender mi autenticidad y tratar de ser feliz siendo acorde con la persona que soy, cada uno debería ser su único juez, eso sería todo un éxito, si señor.
A pesar de todo creo que la idea del sueño americano tiene sus elementos positivos, si estos se aplican de un modo individual y no masificado cómo realmente ocurre, es cómo cuando en la peli, el padre pone de ejemplo de constancia a su hijo nihilista que lleva nueve meses sin decir una sola palabra en busca de su sueño, más allá de la ironía del momento esto es completamente cierto, uno debe esforzarse para conseguir lo que quiere, el reverso de este enunciado es que quizá, por mucho que te esfuerces, no alcances tu meta, porque la realidad no entiende de chisteras y formulas mágicas, la vida tal y cómo la conocemos es inconexa y aleatoria, por mucho que tratemos de disfrazarla de coherencia.
Me encanta que el destino del viaje que se emprende en Pequeña Miss Sunshine sea un lugar tan bizarro cómo un concurso de belleza infantil y me gusta más aún las caras de asombro de la audiencia, los gritos y las carreras para detener el espectáculo de ser uno mismo.