29 de enero de 2008

RETRATO, COLLAGE, PASO DEL TIEMPO Y ANDY WARHOL


Los diseños a continuación expuestos pertenecen a un ejercicio en el que se pretendía evocar al paso del tiempo sobre un retrato sirviendose para ello de la técnica del collage.

La idea surgió tras una exposición sobre la obra de Andy Warhol, es por eso que su influencia gravita por entre las tres composiones.

WARHOL´S TIME


AFTER SUN

BROKEN DOLL


LAS NOSTALGIAS DE DON JUAN


Tras la aparente sencillez de Flores Rotas se esconde un soberbio ejercicio cinematográfico, un narración sutil acerca de un hombre enfrentado a su pasado, el personaje es de sobra conocido, un Don Juan que en este caso no atraviesa su mejor momento, un tipo que se ha sorprendido a si mismo, en plena madurez, completamente sólo, cuándo había tenido infinidad de oportunidades (tantas cómo su talento le ha brindado) para no estarlo y al que se le ofrece una oportunidad de redención en forma de carta anónima y de hijo que necesita encontrarlo, esta es la historia del viaje que el protagonista emprende hacía el pasado con la esperanza de salvar su vida.

Una a una iremos conociendo las mujeres que forman parte de este enigma permitiendo a Jarmusch volver a contar una historia de forma episódica (estructura recurrente en su cine, claros ejemplos son: Coffee & Cigarrettes, Noche en la Tierra o Mistery Train) una amamante fogosa, una hippy borracha de sobriedad, una lesbiana con aptitudes extrasensoriales, una motera llena de odio y una lápida dónde arrepentirse, son las excéntricas escalas de este periplo, sin olvidar a la última mujer que la abandonado y que es la más importante puesto que es la única que pertenece a su presente.

El mayor mérito de la película es cómo se presenta el espectador ante cada una de las visitas del protagonista, la clave mas inmediata es querer descubrir cuál será la misteriosa autora de la carta, esto que Hitchcock llamaba el mcguffin, la excusa que mueve la película, en manos de Jim Jarmusch alcanza una textura genial, estableciéndose un sutil juego entre el espectador y la película que asegura el debate al final de la misma por que no sabemos con certeza cuál de ellas es, aunque esto finalmente no sea lo más importante. Es mucho más interesante descubrir la reacción que se produce con las visitas de nuestro Don Juan, de un modo elegante y siempre y cuándo el espectador se comprometa podemos conocer cuál de todas ellas marcó más al protagonista, cuál de ellas aún no ha superado su ausencia, hasta que punto él las influyó en la vida que ahora llevan, a cuál le desagrada volver a verlo, quién no superara haberle visto de nuevo, a quién le pasa más el paso del tiempo, con cuál él podría haber sido más feliz, a quien jamás debió dejar escapar... cada episodio es rico por si mismo debido al talento en la dirección de Jim Jarmusch que nos ofrece, parece que sin esfuerzo, secuencias que funcionan en muchos y diferentes niveles, compone lo que podríamos llamar escenas polimórficamente sugerentes.

No importa que, aparentemente, no se responda ninguna de las preguntas, lo que al final importa es lo que hemos aprendido al viajar por el pasado de este hombre impávido, no viene mal recordar que todo lo que el pasado puede ofrecernos es sabiduría para no volver a equivocarnos, tomar conciencia de ello es la única posibilidad de redención que al personaje se le ofrece, nada más y nada menos.

Bill Murray está genial, cómo casi siempre, un personaje 100% a su medida, cínico y amargado, sin perder de vista el sentido del humor, una actuación contenida y brillante. El elenco de actrices que le respalda es portentoso, es casi imposible aportar tanta dimensión a un personaje en tan poco tiempo, todas fabulosas, quién estaría a disgusto con unas mujeres así en su vida.

Quizás para un espectador de hoy el ritmo pausado y contemplativo de Jarmusch, sea difícil de seguir, pero si este se esfuerza el resultado no podrá ser más gratificante ya que estamos ante uno de los narradores con más talento del cine contemporáneo.

28 de enero de 2008

EL BAILE DE POLANSKI


El baile de Polanski, por el cine de vampiros, esta lleno de luces y sombras, reconocida como una comedia brillante y disparatada, El Baile de los Vampiros cuarenta años después de su estreno está en baja forma, sin duda una de las razones es el exceso de gags visuales, un buen ejemplo son las incontables escenas aceleradas, si bien es cierto que algunas gozan de una indudable brillantez, recordando al mejor cine mudo, son excesivas, tampoco se escatima en golpes y caídas, incluso hay caídas a causa de golpes y además aceleradas, y aún sientiendolo mucho debo sentenciar que para una sociedad que aún no se ha recuperado del todo del impacto de programas como Videos de Primera o series cómo Benny Hill estos gags resultan del todo menos sorprendentes o graciosos. A toro pasado, es decir desde el relativo conocimiento que me aporta el paso del tiempo creo que el envejecimiento de la obra no sería tan acusado si se hubiese confiado más en los diálogos y en la trama a la hora de aportar comicidad al conjunto.

Ahora bien, veamos la película dentro de su contexto, década de los 60 y una idea: llevar el cine de terror a la comedia, descontextualizar un género por completo, tomar el envoltorio (decorados, vestuario, historia) y cambiar la esencia (la reacción que esos elementos provoca en el público), me imagino perfectamente a Polanski y a su guionista Gérard Brach hablando sobre la película: “Hagamos una película de vampiros en la que el espectador cuándo debería estar asustado se este riendo”. Hoy día no es nada nuevo revisitar un genero desde otro punto de vista y menos original aún es hacerlo desde la comedia, el cine contemporáneo nos presenta un surtido elenco de ejemplos que va desde la saga Scary Movie hasta la revolucionaria Planet Terror, pero en los 60 una propuesta así fue transgresora e influyó en la filmografía de cineastas cómo los Monty Python (Los Caballeros de la Mesa Cuadrada / Aventuras) o Woody Allen (El Dormilón / Ciencia Ficción) creadores con un nervio esencialmente cómico que superaron ampliamente la película que nos ocupa.

Por encima de sus valores artísticos está película siempre será recordada por la interpretación de Sharon Tate, la bella dama que tanto disfruta con los baños y de la que el personaje de Polanski, cómo el espectador, se enamora irremediablemente, estos sentimientos no se limitaron a la ficción y durante el rodaje el director y la actriz iniciaron una relación que acabaría en matrimonio, un tiempo después, estando ella embarazada, un grupo de fanáticos obsesionados con la obra de Polanski La Semilla del Diablo y conocidos cómo la familia Manson irrumpió en el domicilio de la pareja asesinando a Sharon Tate y unos amigo que la acompañaban, Polanski se encontraba en un rodaje.

La vida de Polanski nunca ha sido fácil, siendo un niño sobrevivió al holocausto judío en Polonia; cómo acabo de relatar, perdió a su mujer en trágicas circunstancias por una película que su ingenio creó; además está acusado de pedofilia y no se le permite la entrada EEUU. A nadie le resulta fácil vivir pero debe ser aún más complicado cuando uno debe de superar obstáculos de tal envergadura, me acuerdo mientras escribo de todos esos tópicos acerca de la genialidad y que esta nace del sufrimiento, aquello que Orson Welles resumía también en el Tercer Hombre: durante siglos de paz Suiza no ha aportado al mundo más que el reloj suizo, en cambio en una de las épocas más duras de la historia de Italia surgió el Renacimiento, posiblemente el tiempo de mayor esplendor artístico que el hombre halla conocido. Me pregunto cómo serían la películas de Polanski si no le hubiesen salpicado estas desgracias y la única respuesta segura que se me ocurre es que serían diferentes, pero si nos atenemos a la reflexión antes expuesta sin esas desgracias quizá nunca hubiéramos oído hablar de Polanski, no creo del todo en esta suposición pero si fuese cierta y dadas las atmósferas proféticas y misteriosas que tanto gustan al polaco frecuentar en su cine, pudiésemos recrear una escena en la que un tipo misterioso (dejémoslo ahí) le diera escoger al cineasta entre, todo el reconocimiento y satisfacciones que su carrera artística le ha otorgado o una vida libre, dentro de lo posible, de sufrimiento y desgracias, me encantaría conocer que vida escogería.

Después de esta digresión quiero acabar hablando de la que me ha parecido la mejor escena de la película y que no es otra que la que le da título (en España), el baile de los vampiros, un baile anual por toda la eternidad que debería haber sido convencionalmente terrorífico pero que en las manos de un Polanski, con ganas de reír, resulta pasmosamente divertido.

19 de enero de 2008

I WON, I WON, I WON...


La belleza de Pequeña Mis Sunshine reside en su sencillez y en la franqueza de su mensaje, da igual como te sientas antes de ver película, al finalizar verás con mayor optimismo el resto del día.

Ya desde la presentación de los personajes uno sabe que esta asistiendo algo por encima de la media, la pequeña Olive (la pequeña miss sunshine) fascinada ante el televisor, imitando los gestos de sus heroínas, ganadoras de concursos de belleza; su hermano haciendo ejercicio ante un mural de Frederick Nietzsche; su padre dando una conferencia sobre el éxito ante una escasa audiencia sin ganas de aplaudir; su madre fumando a hurtadillas mientras va en busca de su hermano; su tío en un hospital después de un intento de suicidio; y su abuelo preparándose un tiro de coca (porque ¿hay mejor edad para drogarse que las postrimerías de la muerte?). Estos seis personajes, respaldados por unas actuaciones brillantes, un guión tan preciso cómo un reloj suizo y una dirección sencilla y elegante hacen de Pequeña Miss Sunshine una joya.

Esta película consigue dinamitar el concepto del sueño americano, lo que quiere decir, el de medio mundo, esto no es nada nuevo pero creo que pocas veces se ha hecho con tanta brillantez. El sueño americano, la obsesión por el éxito, toda esa mierda de si te esfuerzas serás capaz de conseguirlo, cualquier cosa que desees está a tu alcance, sólo tienes que luchar por ello, hay dos clases de personas los ganadores y los perdedores ¿de cuál eres tú? Y lo que está película responde es: yo soy yo, a veces me tocará ganar y otras perder, pero lo haré a mi manera (In my way, cómo Frank Sinatra) y las veces que pierda intentaré aprender, para la siguiente vez vencer, no me interesa ponerme a la cola de lo que todos perseguís un éxito de barro, inalcanzable por que siempre habrá un escalón más que subir, lo que me interesa es descubrir quien soy defender mi autenticidad y tratar de ser feliz siendo acorde con la persona que soy, cada uno debería ser su único juez, eso sería todo un éxito, si señor.

A pesar de todo creo que la idea del sueño americano tiene sus elementos positivos, si estos se aplican de un modo individual y no masificado cómo realmente ocurre, es cómo cuando en la peli, el padre pone de ejemplo de constancia a su hijo nihilista que lleva nueve meses sin decir una sola palabra en busca de su sueño, más allá de la ironía del momento esto es completamente cierto, uno debe esforzarse para conseguir lo que quiere, el reverso de este enunciado es que quizá, por mucho que te esfuerces, no alcances tu meta, porque la realidad no entiende de chisteras y formulas mágicas, la vida tal y cómo la conocemos es inconexa y aleatoria, por mucho que tratemos de disfrazarla de coherencia.
Me encanta que el destino del viaje que se emprende en Pequeña Miss Sunshine sea un lugar tan bizarro cómo un concurso de belleza infantil y me gusta más aún las caras de asombro de la audiencia, los gritos y las carreras para detener el espectáculo de ser uno mismo.

16 de enero de 2008

Me gustan los problemas

Me gustan los problemas, cantaba Andrés Calamaro con los Rodríguez, no existe otra explicación. Yo también frecuento los problemas y es por eso que inicio este blog, no quiero perder las buenas costumbres.

Tengo intención de exponer en este blog mis opiniones acerca de cine, música, literatura y demás gilipolleces que se me ocurran.
No encontrarás en esta página referencias a mi estado de ánimo, ni al pedo que me agarré el fin de semana, será este un rincón para la cultura, un reflejo de mi inquietud.
No pretendo inventar nada, sólo expresarme y evitar la desagradable sensación de que lo que pienso, que es lo que soy, se pierde en el olvido.

Espero que nos hagamos compañía durante un largo trecho del camino.

Un saludo Jorge Guerrero.